Las Bienaventuranzas, Claves para ser Feliz

Monseñor Pedro Agustín Rivera Díaz

San Mateo, como parte del “Sermón de la Montaña” pone en labios del Señor Jesús, las Bienaventuranzas (cf. Mt 5, 1-12). “En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así: "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados. Bienaventurados los sufridos, porque heredarán la tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los Cielos".

Las Bienaventuranzas o claves para ser feliz en Dios, son un elemento esencial de la enseñanza del Señor Jesús. En ellas, Jesucristo nos habla del amor de Dios, de la confianza que debemos tenerle y los efectos en la vida de quien las hace vida. Todas ofrecen como recompensa el Reino de los Cielos, presente en el corazón del hombre no sólo como una realidad futura, sino actual y realmente presente en quien vive las Bienaventuranzas.

Dicha, felicidad, santidad, bienaventuranza, son términos sinónimos. Quienes están en el Cielo, los santos, están en la presencia de Dios y son dichosos, plenamente felices. Hacer vida las Bienaventuranzas es adelantar el Cielo es nuestras vidas, es hacer presente a Dios en nuestro corazón y reflejarlo en nuestra vida con nuestras actitudes, con nuestros pensamientos, palabras y obras.

La fuente de las Bienaventuranzas es la inhabitación de Dios en el corazón del creyente y por lo mismo la dicha, felicidad, es un reflejo, una expresión de esa presencia.

En Mateo 9 son las Bienaventuranzas. La primera y octava “Bienaventuranzas” utilizan la forma verbal presente. “de ellos es el Reino de los Cielos”.

Las 4 primeras Bienaventuranzas señalan, que Dios ama al pobre, no a la pobreza; al que llora, no la causa de su dolor; al que sufre, no al sufrimiento; al que tiene hambre y sed de justicia, no a la injusticia. Es decir las Bienaventuranzas nos hablan del amor de Dios y del ser humano, que es amado por Dios.

La quinta Bienaventuranza, en relación a las cuatro anteriores, nos recuerda la enseñanza de Jesús, conocida como la regla de oro: “hagan al otro lo que quieran que les hagan”, de tal manera que habiendo experimentado la misericordia de Dios el cristiano, en correspondencia con el amor de Dios, deberá ser misericordioso con todos y en particular con quien es pobre, con el que sufre, con el que llora, con quien tiene hambre.

La sexta Bienaventuranza, “la limpieza del corazón” es clave. Nos habla de la actitud del hombre que se abandona en Dios y no deja que nada se interponga entre Dios y él y por eso, en el hermano mira a Dios y es misericordioso con el prójimo. En todo, tanto en las personas, como en las creaturas y en los acontecimientos, contempla a Dios y abandona en Él sus sentimientos y anhelos. Se vacía de sí mismo, de miedos, temores, rencores y odios, pero también de recuerdos y de anhelos. Vive constantemente en la presencia de Dios, totalmente abandonado a Él, en un constante presente en contacto con la realidad y con el amor de Dios y por lo mismo al prójimo. Vacío de sí, se llena de Dios.

Las Bienaventuranzas, séptima, octava y novena nos hablan de la fortaleza interior de quien las hace vida, pues por un lado, es fuerte para hacer el bien y trabajar por la paz, es fuerte para soportar le persecución y el daño físico y también es fuerte para soportar el daño moral que se le pretendiera hacer con la injuria y el desprecio.

La enseñanza de las Bienaventuranzas tienen como principio y fin motivacional el Reino de los Cielos, es decir la presencia de Dios en el corazón del Hombre, luego entonces, lo esencial del conjunto de las Bienaventuranzas es que al hacerlas vida, el hombre se habilita para anticipar el Cielo en su existencia, dejando que Dios viva en Él.

La vivencia de las Bienaventuranzas es una clara manifestación de la pertenencia a Dios, pues Dios mismo se da al creyente que hace vida las Bienaventuranzas y quien las vive lo hace como una expresión de que él pertenece a Dios.

Las siguientes frases de Isabel de la Trinidad, quizá nos ayuden a comprender lo que he dicho y a hacer vida y reconocer los efectos de la vivencia de las Bienaventuranzas en nuestro corazón:

“He encontrado el Cielo en la tierra, porque el Cielo es Dios, y Dios está en mi alma”.

“Morir a mí misma en cada instante, para vivir plenamente en Cristo”.

“Quiero ser una morada de Dios buscando que mi corazón viva en la Trinidad”.

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